Llega a los cines ‘Cielo’, la premiada película filmada en Bolivia
Ha llegado a salas locales una de las pocas apuestas fuertes fílmicas del cine nacional de este año, Cielo, quinto largometraje, primero dirigido en Bolivia, de Alberto Sciamma, nacido en Barcelona pero formado en Inglaterra. Dos sensaciones sobrevuelan toda la experiencia de la película: extrañeza y sobrecogimiento estético. Extrañeza por la imprevisibilidad de su argumento con estructura de road movie, pero con inesperados rasgos fantásticos. Sobrecogimiento ante el transparente y limpio azul que tiñe incesantemente el cielo altiplánico, desprovisto, o casi, de nubes y que cubre todo el horizonte del plano.
Al igual que otras cintas bolivianas con atmósferas oníricas y sensaciones místicas, el quiebre con la realidad en Cielo comienza en los helados lagos andinos. La protagonista Santa —un imponente debut de la niña Fernanda Gutiérrez Aranda, ahora con 11 años pero con 8 cuando rodó— se traga un pez de unas de esas diáfanas aguas para después intentar liberar a su madre de un entorno opresivo provocado por su alcohólico y abusivo padre. La intentará llevar a las estrellas, al cielo, pero antes, para atravesar el camino tendrá que dirigir una destartalada camioneta, montarse en un bus de cholitas luchadoras o encarar a un cóndor.
Desde el salar de Uyuni hasta los Yungas paceños, pasando por una iglesia con murales virreinales a más de 4.000 metros, el director de fotografía Alex Metcalfe, de los más premiados en el recorrido festivalero de la película, se goza en los paisajes bolivianos. Al lienzo azul del cielo se le suma el blanco que pinta a medias las montañas nevadas o congela los cuerpos de agua, pero tampoco se olvida de los ocres del altiplano, en las tholas o en las rústicas casas de los pueblos en medio del desierto.
Hay ambición y propósito de inventiva en Cielo. Se siente diferente, al menos en la propuesta, entre las producciones nacionales de los últimos años que han optado por el realismo para abordar cuestiones sociales como sequía, migración, justicia comunitaria o la despoblación del campo (aunque el filme de Sciamma no es totalmente ajeno a la crítica social). Habría que remontarse a Averno (2018) para encontrar tal vez la más reciente aventura surrealista en la cinematografía boliviana. O retroceder hasta Airamppo (2008) para detectar el último delirio rural.
El exotismo de las escenas más febriles de la película está haciendo que la prensa internacional la catalogue como realismo mágico. El término, género o estilo ha recibido críticas de creadores latinoamericanos, como las del colombiano Santiago Lozano cuando presentó Yo vi tres luces negras (2024) en el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse de ese año. O como las del mismo Gabriel García Márquez, quien popularizó la denominación en la región con Cien años de soledad. Las principales críticas señalan una folclorización de la identidad latinoamericana, un encasillamiento de lo que se entiende como “realidad” desde parámetros occidentales, cuando la concepción de la vida está regida bajo prácticas en los pueblos nativos y que pervive, aunque mutada, a través de transmisión a las generaciones urbanizadas,
Esa máxima no escrita de entender la magia como parte de la cotidianidad latinoamericana, como “un añadido poético a la realidad”, cómo describiría su obra García Márquez, no siempre se cumple en Cielo, pecando algunas secuencias de exceso de artificio en. El genio inventivo parece en ocasiones obedecer más a un capricho creativo que al desarrollo de la trama o los personajes. Pero cuando la película parece perder impulso, es Gutiérrez la que la sostiene con un exigente y valiente papel. Baila, mata, muerde, da vida, llora, carga con un peso de al menos 100 kilos por el altiplano, vomita pescados, se los traga, pierde la ilusión solo por unos instantes para volver a su fuerte convencimiento de que a las estrellas, al cielo, se llega por el mar. Uno de los roles infantiles más emblemáticos del séptimo arte boliviano que se puede colocar en la misma repisa de Sebastiana Kespi en Vuelve Sebastiana (1953) o de Gerardo Suárez de Mi Socio (1982).
Existe en Santa magnetismo y firmeza para creer en un mundo que se mueve con la magia.
Santa es una niña muy misteriosa, me identifiqué con ella porque hay un poco de ella en mí. Me maravillé con su carácter
Un joven talento que se está fraguando ahora bajo el mando de Guido Arze en la Fundación Bolivia Clásica, donde también aprendió a tocar el violín.
Santa no parece perder la inocencia en algunas mórbidas acciones. Así incluso enternece a un pintoresco grupo de secundarios que aportan risas y excentricidad, pero reclaman un mayor trasfondo. Están entre ellos los policías venidos a menos interpretados por Fernando Arze y Cristian Mercado, el cura al que da vida Luis Bredow o la cholita luchadora encarnada por Mariela Salaverry.
En Cochabamba, Cielo se proyecta en Prime Cinemas, SkyBox y Cine Center, con horarios desde las 11.30 hasta las 22.30. En la misma ciudad el estreno se realizó con la presencia de Valeria Ponce, una de las productoras, y otros miembros cochabambinos del filme.
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